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Primero lo primero: la salud, la gente, el distanciamiento social necesario para evitar el contagio. No hay otra estrategia más que la pausa. Sin más.

Más allá de la reflexión inicial, el reto del capacitador de personas, en cualquier contexto histórico, tiene un común denominador, al menos en México: la creencia de que es una absoluta pérdida de tiempo y de recursos; un gasto, pues.

De frontera a frontera, en México, los directores de desarrollo del talento sortean batallas cotidianas tratando de convencer a sus directores y gerentes de la importancia de la constante actualización de conocimientos y habilidades de sus colaboradores con el fin de entregar mejores resultados cada día.

¿Qué reciben a cambio? Desdén, incredulidad, burlas. Capacitar, en México, es muy parecido al viacrucis que viven los empleados para solicitar sus vacaciones: parece más un favor que un derecho; por ello, y ante la inminente respuesta derivada de un poder sin conocimiento real, las personas a cargo de la estrategia de desarrollo de talento tienen un par de posibilidades en su campo de acción: darse la vuelta y conformarse con los resultados, lo que conlleva a  una merma significativa de su rendimiento y, por ende, del de la compañía en general o, dos, pelear por convicción para que todos tengan acceso al simple y básico derecho de consolidar su desarrollo profesional. (Tarea por demás engorrosa cuando el otro tiene el no en la boca y la ineficacia de su estrategia en la frente).

Para muestra, un botón: ¿qué tanto invierte usted, en tiempo y recursos financieros, para que sus empleados adquieran una sólida formación en materia de la cultura organizacional de su compañía?

Con el simple hecho de solidificar la cultura organizacional los colaboradores, todos, desarrollarían sentido de pertenencia, niveles de compromiso más profundos, mejores entregas. Más importante que lo anterior, quizás: desarrollarían lazos de confianza que posibilitarían la fluidez de la información y la mejora inmediata de los procesos, qué decir del impacto positivo en el clima laboral de todos los equipos.

La cultura organizacional lo es todo. Y ahí reside la importancia de la capacitación empresarial.

Alinear a los empleados a la estrategia de negocios de la compañía es el reto.

¿Cómo, con esfuerzos individuales a nivel cubículo?, ¿con pláticas informales en el comedor, durante los trayectos del elevador, mientras se dirigen a la siguiente reunión mal planeada porque no tienen disciplina en materia de la administración del tiempo o en la preparación de presentaciones efectivas que, además, requieren de habilidades comunicativas eficientes?

¿Cómo exigir que cada integrante cuente con la tolerancia adecuada para enfocarse en lo importante sin necesidad de señalar a nadie y aproveche los recursos con los que cuenta si no se tiene desarrollada una estrategia para consolidar la inteligencia emocional y el liderazgo de quienes tienen en sus manos la “sencilla” labor de gestionar personas?

¿Cómo esperar que haya una adaptación total a las circunstancias si los diferentes equipos de trabajo dejaron de lado la reflexión acerca de la sensibilización al cambio y cómo ser agente del mismo?

¿Cómo esperar que las personas sean proactivas si no se diseñan estrategias de desarrollo de equipos de trabajo?

¿Cómo pedirle a la gente que se integre a una cultura organizacional que no se enfoca en su desarrollo profesional y personal?

Sin capacitación, no hay cultura organizacional. En tiempos de coronavirus, el reto es mayúsculo: ¿recortar presupuestos y cerrar la llave a la capacitación de personas es verdaderamente una estrategia que funcione? Es cierto que no soy ni CEO ni dueño de ninguna compañía, si por ese medio quisieran demeritarse estas reflexiones. Es cierto, también, que no cotizo en la bolsa y que mis KPI´s no son los indicadores bursátiles. Haber escuchado a miles de personas en los últimos años, sí.

Más allá de los tiempos que vivimos, habrá que reflexionar en la importancia de diseñar una estrategia sólida de desarrollo del talento humano. Ahora y para el futuro inmediato.

En países como Canadá y Alemania se ha anunciado el apoyo total de sus gobiernos para que las personas sufran el menor de los descalabros en materia laboral, de impuestos, de salud, por supuesto.

En México, el impacto es grotesco: el gobierno es inoperante, las empresas, al no tener el liderazgo adecuado, se les hace fácil cerrar programas vitales, prescindir de personas no clave. A las instituciones que conforman el gobierno, no hay formas de involucrarlos en la atención de una sociedad ávida de una realidad diferente, una que aporte al desarrollo de sus habilidades, talentos y potencialidades.

¿Está pensando en cortar el presupuesto de capacitación de su compañía o ya lo hizo? Adelante. Con ello solo gangrenará la estrategia de integración de las personas a su cultura organizacional.

Y con ello, a la postre, su propia economía.

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